domingo, 12 de mayo de 2013

El dinero no compra la felicidad del primer amor. (El Gran Gatsby, Francis Scott Fitzgerald)





A Francis Scott Fitzgerald de seguro lo han oído nombrar. Para los estadounidenses es un ícono: les remite a la época del Jazz, entre la primera y la segunda guerra mundial, tiempo de derroches, excesos, búsqueda de la gloria; uno de sus relatos, hace unos años, fue convertido en el largometraje El curioso caso de Benjamin Button. En una de sus últimas películas, Medianoche en Paris, Woody Allen lo retrata en la época a la que Hemingway llama Paris era una fiesta, como el hombre dominado por Zelda, su enloquecida pareja; antes de que a Zelda la internaran en un psiquiátrico dónde murió, y Scott gastara su fortuna intentando salvarla. Scott moriría en la pobreza, años más tarde, lejos del Hollywood dónde se volvió famoso y que tanto le debía.
En su más reconocida novela su protagonista es joven reservado cuyo futuro ha sido planeado por su familia para participar en la venta de bonos, Nick Carraway, quien recién ha llegado a New York. Siempre que sientas deseos de criticar a alguien, le dice snobisticamente su padre, recuerda que no a todo el mundo se le han dado tantas facilidades como a ti. Una prima y su esposo, Deisy y Tom Buchanan, le dan la bienvenida a la vida citadina; una joven pareja rica que se ha paseado por las ciudades más importantes de europa, y cuyo matrimonio está cayéndose a pedazos desde que Tom Buchanan tiene una amante.
Mientras que los Buchanan viven en la riqueza (Tom se enorgullece de haber transformado sus garajes en caballerizas, cuando todos suelen hacer lo contrario y Daisy ruega porque su hija sea lo mejor que una mujer puede ser, es decir una estúpida), Nick va y viene de su casa en Long Island a la metrópolis; una pequeña casa casi invisible entre las  mansiones que la rodean. En una de esas mansiones vive un elusivo personaje llamado Gatsby, a dónde todos los fines de semana los invitados llegan en manadas de la ciudad para consumir su alcohol, comer sus aperitivos, disfrutar su música, conocer gente famosa y, aunque no menos importante, inventar rumores sobre la fuente de riqueza y el pasado de su anfitrión.
Hay quién dice que Gatsby mató a un hombre, que peleó al lado de los alemanes, que estudio en Oxford, que trafica alcohol…
Entre fiestas, champaña y cigarrillos, Nick Carraway se ve envuelto en la telaraña de planes que Gatsby ha ido tramando durante años, para recuperar a la mujer que en su juventud amó, pero a la que no podía unirse por no tener un solo centavo.

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